Las terapias de frío o calor aportan múltiples beneficios en el tratamiento de determinadas dolencias.  Los resultados de este estudio también ponen de manifiesto que la administración de analgésicos es la opción más recurrida.

“Un uso indebido o un abuso de analgésicos puede tener efectos negativos para la salud. En ocasiones, por razones de accesibilidad o comodidad, los pacientes recurren a medicamentos para la cura de dolencias que podrían tratarse con otro tipo de terapias que, sin llegar a serlo, consiguen un efecto analgésico reduciendo notablemente el dolor”

Cuando usar frío y calor
El calor ejerce un efecto vasodilatador, por lo que aplicado sobre la piel aumenta la oxigenación del tejido, favoreciendo la circulación y acelerando el metabolismo. Otros beneficios son que relaja y estimula el sistema inmune y ayudan al organismo a eliminar toxinas. Su uso terapéutico es especialmente útil para lesiones musculares, lumbagos, dolores abdominales, (incluidos los debidos a trastornos digestivos) o la rigidez articular, entre otras.

Por su parte, el frío actúa como constrictor de los vasos sanguíneos, reduciendo la inflamación y el dolor, y además tonifica los músculos debilitados. La terapia de frío se recomienda para tratar dolencias como pequeñas contusiones y traumatismos, quemaduras, dolor de cabeza o de dientes, hemorragias leves, inflamaciones cutáneas locales o incluso picaduras de insectos.